El libro

Prólogo por Elizabeth Quezada

"Escribir es una manera de vivir". Gustav Flaubert.

Dicen que tengo un tercer ojo para intuir, develar, evocar lo escrito por otros; lo que es lo mismo, tengo cierta capacidad de crítica desde mis años tempranos cuando ya aparecía en mí, la sed lectora o la sed de sabiduría. Y no es cuando, estando en la facultad de Filosofía y Letras, el director de la misma y profesor, mejor escritor, crítico literario, Doctor Bruno Rosario Candelier, Premio Nacional de Literatura, en mi país República Dominicana, me advirtió sobre esa cualidad innata, que el observaba en mí antes de llegar a los dieciocho, incluso. No tenía el cúmulo de conocimientos necesarios y apenas ingresaba a la carrera en sí. Él no sabía que yo era una chica parca y monosilábica y que gracias a mi personalidad introspectiva fui una lectora muy precoz. A esa edad yo no me veía como una posible escritora, envuelta sí, en otras actividades artísticas: historia del arte, música, canto coral, tunas y arte plástico...

Mis amigos y yo fuimos bohemios de pocos afanes, de mucha risa, guitarra y sueños en manos. Pelo suelto al aire, envueltos en la poesía; en fin, irreverentes, rebeldes y sentados en el bando del frente, siempre contracorriente.

Pasaron casi veinte años para descubrirme escritora 24/7, justo porque tenía muchas cosas que decir; en mi cabeza cientos de fantasmas se posicionaron y muchas veces no me dejaban dormir, ni comer, ni salir; hasta no sufrir de esas catarsis que como bomba, explotan en un pre alumbramiento literario.

De modo que he estado y sigo estando en el bando del frente; y en este bando y con esa habilidad primero innata y luego afilada y afinada con arpegios de la más alta envergadura por la calidad de instrucción que recibí; pero que alimenté por el amor a la lectura, me encantaría presentarles a un escritor y una novela que, por lo menos si no es Best Seller en el futuro inmediato, será una novela que le dará grandes satisfacciones a mi amigo, el escritor argentino Juan Pomponio, "Krishan, el hijo del sol."

Y lo digo no sólo por la dramática saga, entretejida en finos hilos con una descripción microscópica de la realidad circundante en la imaginación creativa y el estilo iluminatis-tipo Dan Brown y sus tesoros religiosos, que desde un inicio sui generis nos provoca atarnos al libro, y querer llegar a un fin - ipso facto-, no -cuenta gotas por estrategia del mismo escritor. Es más, nos hace querer preparar maletas y mudarnos a Kumer, ciudad mágica, mística, donde se desarrolla la historia; y nos provoca crecernos como seres humanos, ser mejores personas, parecernos a Krishan y ser hijos del sol...

Primero: Pomponio se nos muestra como un escritor que tiene un verdadero arsenal de ficción que vende como realidad; pero que pueden hacerse realidad si el humano comenzara a hacerse preguntas interesantes sobre el cosmos, sobre sí mismos, sobre la convivencia humana, el fin de la naturaleza. Y como dice Vargas Llosa en su "Cartas a un joven novelista":

"El escritor debe tener algo que decir, añadir su toque personal, o sea, esos temas que le rondan de manera permanente y que tratan de aparecer siempre. El escritor debe tener su pluma, escriba lo que escriba. Esto lo hace auténtico y lo aleja de ser un empleado de la literatura."

Créanme, Pomponio lo logra al cien por ciento. Y confirma, justamente lo que es Juan Pomponio… es un novelista impostor, -alguien dotado de un especial poder de persuasión que hace pasar por verdad lo que es una mentira, una ficción.- Claro, con el mejor lenguaje literario, las más bellas figuras y metáforas extraordinarias impregnadas de ese humanismo especial que lo hace extraordinariamente sobrehumano, iluminado.
El libro es un balde inmenso de metáforas. Y cito: "El brillo de las estrellas, pequeñas perlas incrustadas en la noche."

En relación a la construcción del relato hay que destacar como elemento fundamental la capacidad de evocación, concepto clave de todo lenguaje artístico. Evocar quiere decir “imprimir visos de realidad a nuestra fantasía en el ámbito de un lenguaje concreto”. O sea, por un lado la ficción que se baña y se mezcla con la realidad y por otro, la evocación de lo real para que la ficción no despunte. Por tal razón Anton Chejov dijo:
¨Las historias son pedazos de realidad y pedazos de fantasía lo importante es que no se reconozcan las costuras.¨
Pomponio pone a hablar a su narrador omnipresente y dice: "La fragancia de la transformación social, que bulle a fuego lento con burbujas de sabiduría que ascienden al cielo en la oscuridad del río, los peces saltan como fósforos encendidos."
Todavía recuerdan las matanzas de animales que luego comercializaban. No es la primera vez que el hombre extingue una especie animal. Todo esto para que algunas mujeres se vistan de gala y llenen en apariencia el tremendo vacío existencial. Y nos cuenta de Kumer, de una aldea que se encuentra pasando los límites de la frontera entre la realidad y la ficción. Y nos enfrenta a una posición existencial y filosófica, y por supuesto, ontológica. Lanza una fuerte crítica ambientalista pero de cero tolerancia contra la trata de animales. Crítica a la plasticidad de las grandes firmas que usan la piel de animales para lujo vano del hombre y la mujer. E insisto de nuevo en resaltar la belleza de la prosa bañada de música, de poesía, de paz, de armonía:
¨Los remos penetran el agua abriendo surcos invisibles. El canto de los grillos despide a la noche., escribe entre una sinfonía de metáforas y figuras: ¨La selva cruje su can El sol brilla como un dios.¨

En el capítulo titulado NACIMIENTO. Describe con magia y poesía, ese maravilloso estado donde la mujer porta y es conducto de una vida nueva. Y dice: ¨En la redondez de su vientre que resalta como una luna gorda palpitan los movimientos del pequeño. La piel de Marlek se asemeja a los pétalos de las flores que brotan con los duraznos del verano. Su cuerpo hinchado de amor ya no puede soportarlo. Sus pechos llenos de leche esperan con ansias. En su rostro bruñido se vislumbra un profundo estado de paz. El ombligo, un botón que pretende abrirse como una rosa minúscula, pulsa el capullo.

Aquel niño que buscó casi con urgencia puja salvaje para ingresar a la vida.¨ -Krishan trae consigo la Marca del Fuego Antiguo. -¡La Marca del Fuego Antiguo! - repitió Marlek-. No comprendo. ¿Tiene alguna relación con el resplandor dorado que pude ver en medio de mis dolores cuando ingresaba por la ventana.”

Redondeando: primero, es una historia de un niño cual profeta que nació en Kumer, un lugar apartado del mundo gris, donde vivimos los demás seres vivos.
Segundo, nace sin gritar y con una marca de sabiduría; y con aquel resplandor dorado que indica el gran camino que tendrá que recorrer. Será un buscador de los lugares profundos del ser humano. Y como se dice tendrá que caminar su propio camino, nadar su propio mar, recorrer sus propias montañas, volar su propio horizonte.

Y tercero y no menos importante, el autor nos enfrenta con verdades latentes, que están ahí pero que nadie les pone caso… todos sabemos de la autodestrucción del planeta…en cuanto a la actitud del hombre con la naturaleza y nadie hace nada, por no quedarnos en grupos que son apoyados por moda de momento. Krishan resume la fuerza telúrica con elementos místicos y míticos, lo panteísta, con lo heroico con lo social y humano, demanda un amor y un respeto hacia la vida, la naturaleza, las plantas, el sol, la luna, la noche, las estrellas… en fin es un canto glorioso de cambios fundamentales que debe comenzar a plantearse el hombre vacío de verdades.

Definitivamente, -"escribir, (como dijo Flaubert en sus constantes conversaciones con su amiga y confidente Louise Colet)*, es una forma de vivir-"... Y para Juan es una realidad vertida en este su gran libro de la esperanza del hombre.

© Elizabeth Quezada
Escritora, comunicadora, artista visual.